ARTÍCULOS Y REPORTAJES
  • LOS PROFES QUE SE ARREMANGAN Los centros educativos funcionan por cuatro o cinco profesores, poco más. Cualquiera que visite un instituto se da cuenta, también los inspectores de educación que dan cuenta a la administración del trabajo de los docentes. En los centros hay varios tipos de profesores: los arremangados, los que se arremangan y los de puño blanco. Los arremangados son aquellos profesores que evitan ensuciarse y entran a clase ya arremangados. Entran a dar su clase, que suelen repetir de año en año, cumplen el horario escolar y disfrutan de sus vacaciones. Al terminar su horario de trabajo, se desenrollan las mangas y dejan que la realidad ensucie sus puños fuera de la clase. Los de puño blanco también dan su clase y hasta cumplen sus horario escolar, mal que bien. Nunca se arremangan y siempre tienen los puños impolutos. También llegan a casa después de todo un día de faena con los puños como empezaron: blancos, limpios. Estos duermen muy bien porque el mundo siempre les cuadra. Y luego están los que se arremangan, que suele coincidir con aquellos profes gracias a los cuales funcionan los centros. Funcionan bien, digo, porque sin ellos el centro también funcionaría, pero más como inercia que como espacio para la organización y la creación humanas. Funcionarían como las hélices que se mueven cuando el motor las apaga y las detiene el rozamiento del aire. Por inercia, por la lógica del movimiento. Los que se arremangan lo hacen antes de entrar en las clases porque vienen de su casa con la camisa ya rozada. Se la ensucian más en los pasillos y, antes de entrar en las clases, tienen que arremangarse para que los alumnos no vean la suciedad y porque están dispuestos a mancharse de nuevo y arremangársela de nuevo en otra clase, y así hasta el final del horario escolar, del horario de clase. Al volver a casa y bajarse las mangas ven los signos de la batalla, lo sucio de la realidad. Entonces piensan, y siguen buscando, porque su horario de trabajo no ha terminado, pero no se cambian de camisa. Asumen la realidad de su camisa como asumen la realidad de su trabajo: la única manera de ser limpio y no necesariamente estar limpio. Gracias a estos los centros funcionan por la lógica del movimiento que originan los motores incombustibles. La palabra motor, por cierto, es muy cercana a motivación. Los inspectores de educación, los padres y madres de los alumnos y los propios alumnos lo saben, la comunidad educativa entera lo sabe. Gracias a que están repartidos por todos lo centros educativos, el sistema puede funcionar aunque sea al ralentí de un motor con poca fuerza. Urge que estos profesores motiven al resto y nos arremanguemos. Los problemas para quejarnos son ciento, pero eso no justifica que no lo intentemos una sola vez más. No son tiempos de inhibirse, de permanecer escéptico, estático y con los puños blancos. Cuando la riada nos devaste todos seremos responsables, si es que la educación nos llamó, fue una vocación, y no una oportunidad de vestir de limpio con los puños siempre blancos.
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  • Teatro Como Oportunidad Educativa
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  • El Trabajo Perdido de Hércules Ilustración: María Gómez Texto: Jose Aurelio Martín
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