XIV Maratón de monólogos · Cuánta vida en una de J. Aurelio Martín Rodríguez por Julia Trujillo. Publicado el 16 jul. 2012

¡Cuánta vida en una!

¡Cuántas vidas en una sola vida!, hijo mío, yo he pasado mucho, tu madre lo sabe, ¡no he pasado yo cosas!, toda la vida trabajando y padeciendo y luego mira aquí, más vieja que la letanía, sentadita como un parvulito, durmiendo y comiendo, nada, hijo mío, la vida no es nada, ¿qué hacéis aquí?, esto no vale nada, iros al campo, a mí sí que me gusta el campo, eso sí, el campo, qué hermosura, aquí sale una culebra, por aquí un lagarto, el campo sí, hijo mío, en la ciudad no sabéis nada, a ver, tú, ¿qué sabes hacer?, nada, ni coger aceitunas, si yo me pudiera valer te llevaba conmigo al campo a coger aceitunas, sí, una por una, no te rías, no sabéis hacer nada en la ciudad, el campo, hijo, el campo, allí sí, yo he trabajado mucho toda la vida, ésta lo sabe, mírame el hombro como lo tengo de acarrear leña del monte, mira el hueso, se ha salido de su sitio, toca, toca, no he pasado yo, tu madre lo sabe, qué vamos a hacer, hijo mío, aquí estoy, cinco hijos me ha dado Dios, cinco flores, les he dado todo, bien lo sabe Dios, mi marido me ha hecho trabajar mucho, pero mis hijos, ahí están, casados con buenas mozas y con carrera, menudas casas tienen, hijo, grandes, con unas galerías, muy buenos mis hijos y las esposas, muy buenas y limpias, qué casas que tienen, qué grandes, como la mía, la mía es grande y limpia, cinco alcobas tiene, cinco, iros al campo, qué hacéis aquí, a mí me gusta el campo, un lagarto, una culebra chillando, eso sí que me gusta a mí, el campo, si me pudiera valer ibais a ver a vuestra abuela dar brincos por los matorrales, qué riqueza del señor el campo, hijo, y yo aquí, sentadita, mírame el hombro, mira, toca, toca, se ha salido de su sitio de las gavillas que bajaba del monte, toca, toca, he trabajado yo poco hijo, ahora la juventud no sabe divertirse como antes, parece que estáis muertos, del sofá a la cama, ahora no sabéis, no, buah, antes se divertía más la juventud, el baile, salir a pasear, reír a carcajadas, ahora nada, no sabéis ni divertirse, si hubieras visto a tu abuela las faldas que gastaba, eso daba gloria de ver, hijo, ¿y ésta quién es?, ¿tu mujer?, cuídala hijo, que una mujer no se cría en una siesta, muy guapa, dame un beso hija, yo he pasado lo mío con mi marido, a éste no le dejes pasar ni ésta, ni una le dejes pasar, que los hombres beben una gotita y pierden el conocimiento, hija mía, tenías que haberme visto a mí, hija, de joven, con el pelazo y el olor a jabón que llevaba, un pelo que robaba los ojos, hija mía, y mira ahora, mira para lo que se ha quedado una, para estar quietecita en una silla y que le hagan a una todo, el señor así lo ha querido, qué vamos a hacer hija, si tu abuela se pudiera valer, nos íbamos al campo, eso sí que es la gracia del señor, eso es para disfrutar, un tropezón aquí otro allí, la culebra que te sale, el lagarto, las culebras son muy malas, a mí no me dan miedo, pero son muy malas, te revuelven, así en círculo, te revuelven y revuelven y te matan, pero a mí no me dan miedo porque yo siempre llevaba una navaja y a la primera de cambio las cortaba por la mitad, pero son muy malas, te revuelven y revuelven y revuelven y te matan, son jodías, si tu abuela se valiera, ibas a ver a tu abuela dando traspiés por el campo como una gacela, no he sido yo nadie y mira tú ahora, hijo mío, bien sabe tu madre lo que he pasado yo, he valido para todo, he hecho de todo, ataeros de esparto, ¿sabes lo que es?, nada, no sabes nada, ataeros son cuerdas, las hacíamos a mano con esparto y echábamos apuestas a ver quién hacía más, tu abuela ganaba a los hombres, qué modo reír, si es que antes la gente se divertía más, yo era muy disfrutona, todo lo reía y de todo hacía comedia, pero ahora nada, en las ciudades nada, del sofá a la cama y adiós muy buenas, nada de nada, la verdad es que no están las cosas para reír, que la cosa está muy mala, va a venir lo de antes y si no, al tiempo, que sí, que te lo dice tu abuela, lo de antes va a venir, si la gente no tiene, tendrá que buscarlo por ahí, por donde sea, hijo mío, que si no tienes con qué dar a tus hijos a ver de dónde lo sacas, yo he pasado mucho, tu madre lo sabe, tócame el hueso, mira hijo, toca, toca, de cargar leña como una mula del monte, que me mandaba mi padre, el pobrecito, para calentarse un poco por la noche después de estar todo el día con la borricona, el pobrecito, más tieso que un pajarito, pobre, que Dios le tenga en su gloria al pobrecito, vosotros no sabéis nada, ¡no he pasado yo poco!, y luego mi marido, que se ponían cabezón cuando bebía una gotita de vino, y borrico que era, ahora a mí no me ha levantado la mano, si lo hace le mato, por la gloria de mi madre que le pincho, menuda soy yo, y ésta quién es hijo, ¿tu novia?, qué guapa, hija, dame un beso, cuídala hijo, que la mujer crece mal si la riegas de tarde en tarde, atiéndela, quiérela y tú no le dejes pasar ni media, que los hombres son muy borricos y enseguida lo echan todo abajo, como mi marido, que era un voceras, cuatro voces, cuatro golpes y a dormir la mona, a mí no me levantó la mano, bien lo sabe dios, le mato si lo hace, qué buena moza te has llevado, hijo, cuídala y regálala cuando se lo merezca, que se sienta alegre y digna de un varón, pues no era nadie tu abuela cuando se ponía las camisas para el baile, y oliendo a jabón por la calle, menudas faldas gastaba tu abuela, más de uno se arrancó la camisa por tu abuela, más de uno, ya lo creo, pero me engatusó tu abuelo y no me soltó hasta que  el señor se lo llevó por delante, que dios me perdone pero bien a gusto me quedé, que me dio mucho de trabajar y muchas penalidades que no cuento, ahora pegarme, ¡ni por miento!, menuda era yo, más fuerte que un hombre, a mí nadie me echa la pata por encima, qué descanso el campo, hijo mío, correr, andar por los caminos, brincar, adornarse el pelo con flores recién cortadas, eso sí que es alegría de Dios, qué faldas gastaba tu abuela, hijo, qué faldas y qué pelo de brillante, que robaba los ojos al sol, y mira aquí, sentadita todo el día, que me tienen que hacer de todo, callada y más arrugada que un higo, esperando la hora que dios quiera llevarme consigo, cuando dios quiera cerraré los ojos y me pondré mansa para que me lleve de la mano a su seno, hijo, así es la vida, pórtate bien con la muchacha, qué guapa, me recuerdas a mí de joven, hijita,  no te dejas mangonear por este, a la primera, le atizas con un cazo, no te dejes, que los hombres parece que no tienen conocimiento, sobre todo cuando se adoban con dos gotas de vino, qué violencia y qué mal vino tienen, qué asnos se vuelven, hay que ponerse firmes, sacar el palo y cantarles tres verdades, trátala bien, hijo, perfúmala con palabras bonitas, no la dejes caer en la tristeza, que la vida es áspera y las casas, cuando no hay niños, son muy silenciosas, llena tu casa de alegrías y de flores que haya que regar todos los días, no seas borrico, adórnale el pelo con flores del campo, de vez en cuando, que lo mucho harta, solo cuando la veas con alguna sombra en los ojos, o llévatela lejos, que vea otros campos, otros ríos y otras flores, hazle caso a tu abuela, que ha vivido mucho, que lo ha vivido todo, mira, tocar, tocar el hueso, de acarrear leña como un hombre, mirar qué bulto, pero feliz y triste cuando tocaba, que la vida no es fácil y a veces tienes que llorar para quitarte las penas que se agarran al pecho, que guapa, qué flor te llevas, hijo mío, hacerme caso a mí, que he vivido, hacerme caso, que sé mucho y nadie me oye, venga, darme un beso y despediros de tu abuela, venga, ir con dios, hijos míos…

 

                   Jose Aurelio Martín Rodríguez