#EsLoQueHay es un proyecto en continua mutación. Son imágenes comentadas o artículos  documentados, artifotos.  No son imágenes, no son artículos; necesariamente lo uno completa a lo otro. Pretende ser una disección del eslogan de nuestro tiempo: EsLoQueHay. Esa coletilla que acaba las frases cuando se habla de nuestra realidad, cuando se habla de la vida en pareja, cuando comentamos, por ejemplo, las condiciones laborales cada vez más precarias y asumimos que deben ser así porque nuestras leyes son LoQueHay. Asumimos ciertas normas o convenios sociales en todas estas realidades porque así están escritos, porque consideramos que es inevitable que sean de otra manera. Sin pudor alguno por la resignación.

Cuantas veces nos hemos sorprendido apostillando EsLoQueHay en referencia a la catarsis social que vivimos, asumiendo que es lo que debe ser, como una especie de castigo divino y no puede ser de otra manera. No hay alternativa, no hay escapatoria: porque EsLoQueHay. Estos artifotos van en sintonía con esa línea, lo que separa el debe y el puede ser. Lo que está entre lo que asumimos como normal y lo que debería ser. Lo que está entre la aceptación y la resignación. Pretende ser un documento que indague en esa actitud ante la vida; por un lado cuando aceptamos y asumimos la realidad, y por otro lado la esperanza en esa deriva, y las opciones existentes para aliviar esta angustia. Todo esto cabe en este hastag del siglo XXI: #EsLoQueHay.

#EsLoQueHay

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RocíoMartín

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#EsLoQueHay

Rocío Martín

Ese puchero dará de comer a mucha gente. No hay que olvidar que hay una mano detrás de cada alimento que nos tiene de pie en la tierra. Cada día. La luz que ilumina el puchero es la misma que animó a los pintores a crear naturalezas muertas o bodegones. Es la luz cotidiana, la luz de lo “tan real, hoy lunes” que decía el poeta, la luz extrañamente espiritual que parece redimirnos de la crudeza de los días.
Cuesta entender la realidad, con el tiempo se logra manejar, nada más, siempre hay algo que se escapa, que se fuga hacia el misterio. Un puchero, un plato de sopa o una barra de pan pueden emocionar en el recuerdo, sientes que tu madre está cerca, que sus manos te han hecho la realidad a tu medida, que en las entrañas de lo cotidiano habita tu madre, pacientemente cuidándote, lentamente tejiendo tus días.
Mañana como hoy, ese puchero tendrá sentido. La luz cotidiana buscará las formas que definan el misterio. La mano invisible de una madre ordenará la realidad a la medida  de un hijo. Siempre  habrá quien mire más allá de las cosas y más acá de nosotros mismos. La mirada se demora en esa luz que nunca se logrará entender del todo, serán ceniza mas tendrán sentido. Es la luz, la misma luz, que nunca llegaron a pintar, por mucho que la buscaran, los hijos de unas madres que se ganaron la vida pintando y que también fueron cuidados con mano maternal. Lo intentaron y su grandeza reside en haberlo intentado, rozando siquiera el misterio. Hoy algunos fotógrafos, literalmente “pintores de la luz”,  con más medios y quizá menos cuido, también lo intentan.

José Aurelio Martín